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Estudios Sociales

28.12.2012
Chile
ESP |

El Chile de 1973: el fútbol y sus protagonistas

El futbolista profesional chileno, un fenómeno exasperantemente complejo que se manifiesta en torno al golpe militar de 1973
Selección de fútbol de Chile, 1973

 

El fútbol es enorme, se niega a ser reducido en cuatro o cinco palabras.

 

Durante octubre de 1973 el ex futbolista y seleccionado nacional chileno Hugo Lepe estuvo detenido en el campo de concentración del Estadio Nacional, en Santiago. Menos de un mes después de liberado, MENOS DE UN MES DESPUÉS DE LIBERADO, volvió a los túneles y tribunas de su ex centro de tortura, a ver el partido entre la Selección de Chile y el Santos de Brasil, organizado para celebrar la clasificación de la "roja" al Mundial de Alemania 1974. ¿Cómo aprehender eso con palabras?

 

Cuando se analiza el fútbol profesional chileno de 1973, la tentación es evidente: buscar relaciones entre el fútbol y la política. Estamos hablando de un período en la historia contemporánea de Chile donde incluso podríamos decir que la política superaba al fútbol en tanto medio de participación popular.

 

Imaginábamos encontrar rastros de un "fútbol militante", de un fútbol que iría en sincronía con la marcha de los grupos sociales y los desafíos políticos.

 

Porque efectivamente, el futbolista es un representante de su comunidad. Como dice el historiador argentino Julio Frydenberg, el fútbol se articula en torno a "la defensa de lo propio". Los equipos son inseparables de su localía.

 

En el fútbol amateur sí dimos, por supuesto, con esa realidad. Ahí encontramos equipos llamados Venceremos, 26 de Julio, Managua, Manuel Rodríguez, etc. O torneos de fútbol laboral bautizados "República Socialista de Checoslovaquia".

 

En el fútbol profesional en cambio, los ejemplos son más esquivos. Sin embargo tenemos uno que vale por varios: Carlos Caszely. El joven centrodelantero de Colo Colo y la Selección chilena (tenía 22 años en 1973) fue una figura excepcional, en un medio como el chileno donde los futbolistas rehuyen toda palabra extra-futbolística.

 

Simpatizante del Partido Comunista, este hijo de ferroviario se comprometió de lleno con el gobierno de Salvador Allende, participó en trabajos voluntarios, en la planificación de políticas deportivas populares, etc. Se apasionaba al hablar del gobierno popular.

 

Caszely desordenó un medio dominado por el silencio del futbolista (y por dirigentes de derecha). Desde las tribunas algunos le gritaban "comunista desgraciado". Una periodista le preguntó al borde de la cancha que como era eso de ser comunista y católico a la vez. En la calle, él se bajaba de su Fiat 125 para "polemizar" con quienes le decían cosas.

 

Su visión del fútbol es esencialmente social. Veinte años después diría que fue gracias al fútbol que se había formado una conciencia social: "lo que me hizo ver las realidades fue el fútbol, porque me permitió viajar, conoce... comer un día como rey, y al otro día en una casa de madera con piso de tierra".

 

Sin embargo, más allá de las figuras individuales, el fútbol militante parecía verse superado por el "fútbol-recreo", aquel que se piensa como una isla en medio de la realidad social.

 

Efectivamente, los futbolistas chilenos asociados no mostraron gran interés por la idea de participación. El Sindicato de Futbolistas tuvo una vida lánguida en el período: "la última asamblea a que se convocó no pudo celebrarse por falta de quórum. El local arrendado para el funcionamiento de la entidad está a punto de ser pedido por falta de pago. Mario Moreno [el presidente] dejó planteada su renuncia, supeditando su tramitación a la reacción de los jugadores, pero dejando constancia que "así no se puede seguir"". Casi dos años después, el panorama no había variado mucho: "el Sifup va de mal en peor (...) ya nadie paga las cuotas y hay cualquier cantidad de problemas que solucionar".

 

Caszely admitiría a mediados de 1973, no sin frustración, la falta de sintonía de los futbolistas con los procesos sociales mayores. La frase es brutalmente sencilla: "los cambios no han sido muy notorios". En una época de grandes cambios, el fútbol se contenta con pequeños cambios, que además no tienen efecto ni visibilidad. Si bien los futbolistas obtuvieron en estos años beneficios de previsión social, aguinaldos y derecho a voto en las elecciones de la ACF, el fútbol profesional seguiría bajo un régimen laboral bastante salvaje, sin libertad de trabajo, con sueldos atrasados e insuficientes, multas, no pago de reajustes, etc. (En una actividad tan desregulada como el fútbol, el empresario chileno muestra su verdadera cara).

 

La cara ahistórica del fútbol puede expresarse de manera curiosa. El trabajo en el cual se basa este artículo comienza así:

 

"A fines de mayo de 1973, Colo Colo fue recibido por Salvador Allende, luego de haber empatado con Independiente en Buenos Aires, en el primer partido final de la Copa Libertadores de América. El equipo, encabezado por el técnico Luis Alamos y el capitán Francisco ‘Chamaco’ Valdés, fue felicitado por el Presidente a nombre del Gobierno chileno.

 

Cinco meses después, en octubre de 1973, la Selección chilena fue recibida por Augusto Pinochet, luego de haber empatado con Unión Soviética en Moscú, en el primer partido definitorio por un cupo en el Mundial de Alemania 1974. El equipo, encabezado por el técnico Luis Alamos y el capitán Francisco ‘Chamaco’ Valdés, fue felicitado por el Presidente de la Junta a nombre del Gobierno chileno".

 

Este fragmento llama la atención, más que nada, sobre la permanencia de ciertas prácticas, a pesar de la Historia. Pareciera que para el futbolista chileno el tiempo, la Historia, no es una categoría. (Y tampoco el contexto espacial, como dice Dante Pesce en el epígrafe de este artículo).

 

Sin embargo, la lucha entre el fútbol-Historia y el fútbol-recreo no tiene resultado definitivo. Ya lo dijo Sun Tzu, refiriéndose a la guerra: "La victoria (...) no se repite sino que adopta cada vez aspectos sin fin. (…) La victoria de una fuerza militar está determinada por el enemigo. Esta es la razón por la que una fuerza militar no tiene una constante formación" ("El arte de la guerra").

 

Así, el fragmento que habla de Allende y Pinochet saludando a las mismas personas podría ser utilizada con toda seguridad como argumento de la ahistoricidad del fútbol. Los conservadores y/o simplones dirán que aquella confirma algo en lo cual vienen insistiendo hace rato: hay aspectos de la vida social que escapan o están más allá de la política contingente. El fútbol sería uno de esos aspectos, una isla, un recreo en un 1973 caliente y confrontado. Pero, contraataque del fútbol-Historia, yo les digo que en las dos grandes coyunturas deportivas de ese año, el resultado final, el objetivo de toda historia y epopeya mundial (la victoria), se decidió no en la cancha, sino en mesas políticas. Colo Colo no ganó la Copa Libertadores porque los arbitrajes estaban "cortados" con anticipación, y la Selección de Chile sí clasificó al Mundial de 1974 porque la Federación de Fútbol de la Unión Soviética se negó a jugar en un estadio "salpicado con la sangre de los patriotas chilenos".

 

(Para Carlos Caszely, la Historia también existió y de manera brutal. Luego del Golpe, en 1975, su madre sería detenida y torturada. El futbolista y su familia vivieron bajo amenazas prácticamente hasta 1989).

 

Pese a su monolítica pasividad (o justamente por eso), los futbolistas chilenos son veletas al viento de las luchas políticas. Sobre todo cuando se trata de contextos internacionales. Los equipos de fútbol exitosos siempre van a ser representantes del gobierno de turno de un país. Como en noviembre de 1972, cuando la hinchada argentina en la cancha de Vélez Sarsfield gritaba a la Selección chilena de rojo "olé olé, olé olé, los comunistas no la ven" (Argentina ganó 2-0). Menos de dos años después, se les gritaba fascistas, en el Mundial de Alemania Occidental.

 

El futbolista profesional chileno es un fenómeno exasperantemente complejo. Como el fútbol, se niega a ser reducido en tres o cuatro palabras, sin embargo hay que comenzar de alguna manera. Nosotros lo hemos intentado con cuatro epítetos. Multidireccionales, fuertes, como los que se escuchan en una tribuna futbolera. Proletas, limpios, cobardes y burgueses.

 

Limpios, porque como le decía Salvador Allende a los jugadores de Colo Colo, "no siempre se gana, interesa también que el desempeño sea de correctos deportistas".

 

Cobardes, "de actitudes blandas", como los calificaba el técnico de Lota Schwager, Dante Pesce: cobardes frente al contrato, al patrón, al dinero.

Burgueses, porque, como decía Caszely, los viajes, los hoteles, las portadas en los diarios van pesando en la mentalidad del futbolista (Caszely se quejaba de que no hubiera más "jugadores de tendencia izquierdista").

 

Pero esencialmente proletarios, porque los aviones y los hoteles de cinco estrellas, son para un puñado de jugadores. Y porque el ocaso miserable del futbolista es mucho más común que la jubilación serena.

Jorge Iturriaga
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