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Estudios Sociales

21.11.2012
Argentina
ESP |

Inicios de la práctica futbolística en la Argentina y su relación con el tango

A partir de 1860 los inmigrantes ingleses traen sus inversiones a la Argentina y sus juegos predilectos: el fútbol, el cricket y el rugby
Julián Ponisio

 

En el momento que se producía la independencia política del dominio colonial español, la estructura social de Argentina estuvo marcada por una complejidad de representaciones étnicas que cumplieron un papel decisivo en el inicio y posterior desarrollo del capitalismo a principios del XX. Al igual que la liberación de otros estados latinoamericanos, trajo aparejadas transformaciones contradictorias propias de un modo de producción feudal tardías (Azcuy Ameghino, 2004) que incorporó las doctrinas librecambistas conviviendo con coacciones extraeconómicas propias del antiguo régimen feudal

En este contexto, se empiezan a conocer y a difundir los “deportes modernos” introducidos por los selectos miembros pertenecientes a las diferentes colectividades de inmigrantes, quiénes disponían desde 1830 de la “Sala de Residentes Extranjeros” (De Marinis, 1985: 3-4) para poder difundir sus actividades atléticas y sus juegos de salón, en marcada oposición a los juegos populares nativos practicados con anterioridad (Frydenberg, 1997).

Con ese mismo espíritu de ocio, se producía a partir de 1860 la inserción delfootball practicado por los inmigrantes ingleses que traían esta novedad, a la par que intervenían crecientemente en el escenario nacional con la introducción de capitales económicos basados en la explotación de servicios como el ferrocarril, los tranvías, los frigoríficos y la electricidad, en marcados guiños de complicidad con las elites liberales-conservadoras de nuestro país. Así es como en función de las inversiones, traían con ellos su propio sistema de vida, su idioma y sus juegos predilectos, que incluía también al cricket y al rugby.

En ese entonces en buena parte de Europa, el modelo normativo predominante del ejercicio corporal, consistía en el movimiento medido, racional y estandarizado del cuerpo (Dunning, 1999) y recién entrados los primeros años del siglo XX se condensarían dichas acciones bajo el significado conceptual del Fair Play (juego limpio) como máximo exponente de la lealtad deportiva.

Puede decirse como ley general que un deporte tiene tantas más posibilidades de ser adoptado por los miembros de una clase social en cuanto no contradiga la relación con el cuerpo en lo que tiene de más profundo y de más profundamente inconsciente, es decir el esquema corporal en tanto que es depositario de toda una visión del mundo social, de toda la filosofía de la persona y del propio cuerpo (Bourdieu, 1979: 237-241).

De esta manera quedaba reflejado en la proyección de este valor, una tradición moral anglosajona dispuesta a proyectar conductas y sentimientos de "caballerosidad civilizada".

La transmisión de estas "virtudes" educativas a principios del siglo pasado, conducirían a favor de una enseñanza que iría paulatinamente moldeando las conductas corporales y emotivas de los individuos con el fin de erradicar toda manifestación de agresividad "irracional" que pusiera en peligro los valores que exigía el sistema capitalista para poder afianzar y transmitir todo su aparato ideológico.

Una racionalización exacerbada de la conducta humana y una represión de la vida emocional, entonces, fueron condiciones necesarias para no dejar puertas abiertas a ningún estímulo pasional que pudiera contradecir la construcción de una racionalidad burguesa que embanderada bajo el mito de la "civilización", con sus propios héroes portadores de la "razón y del progreso", excluía del suceso narrativo la multiplicidad de voces y las diferentes tensiones que habitaban alrededor del discurso histórico.

El reconocido antropólogo alemán Franz Boas, fundador de la corriente teórica del particularismo histórico en Estados Unidos, expresaba décadas atrás en uno de sus libros:

"(...) nuestra oposición no es en modo alguno dictada por el raciocinio consciente, sino primordialmente por el afecto emocional de la nueva idea que crea una disonancia con lo acostumbrado (...) en todos los casos, la costumbre es obedecida con tanta frecuencia y regularidad que el acto habitual se convierte en automático; es decir, su ejecución no está ordinariamente combinada con el menor grado de conciencia" (Boas, 1992: 44)

Por consiguiente, en la tarea de inculcar valores disciplinarios de carácter "universal", se vería también reflejado el incentivo a la utilización de ciertos usos "correctos" del cuerpo alejando el factor emocional con el fin de producir una escasa resistencia al avance de los nuevos parámetros corporales basados en la eliminación de comportamientos residuales que estuvieran asociados a la idea de "barbarie".

La práctica del fútbol, como experiencia corporal entre otras, se convertiría lentamente en un escenario muy propicio para la puesta en escena de muchos de los parámetros sociales que exigía el capitalismo moderno ligados a la libre competencia, la igualdad de oportunidades, la superación individual, y la puesta en práctica de una moral "civilizada" que décadas más tarde se traduciría en esta consigna: "...combatir la predisposición natural del hombre hacia la violencia y orientarlo hacia el fair play como un medio privilegiado para adquirir y desarrollar esta disposición moral" (Comité Francés para el Fair Play, 1962:17).

Sin embargo la fundación de los clubes de fútbol en la Argentina se gestó disociada de los valores del fair play y desde el comienzo de su difusión masiva fue incorporándose al raigambre popular con un resignificado repertorio emocional, a diferencia de los creadores de este juego, los ingleses, quienes habían utilizado a este deporte en sus orígenes como un vehículo para resolver los serios problemas de violencia que existían en muchas escuelas del territorio Británico (Gil, 2002: 59).

De esta manera, el fútbol empezaba a difundirse entre los sectores medios y populares nativos, quiénes crean numerosas instituciones deportivas rompiendo con el monopolio ingles en la práctica de este deporte, bajo los criterios estéticos del dribbling, que luego se denominará "gambeta" (que etimológicamente refiere a los pasos del avestruz al correr) como una acción corporal que refería a un movimiento de cintura espontáneo y eminentemente individual opuesta al juego colectivo inglés que se asemejaba al accionar de una máquina. El dribbling se convertiría en el elemento por excelencia en la conformación del sentido futbolístico de un estilo "criollo" consolidado a partir de 1913 cuando un equipo nativo, el Racing Club de Avellaneda, conquistaba por primera vez el campeonato de primera división sin un solo jugador de origen británico (Di Giano, 1999). Es allí cuando se empiezan a diferenciar las virtudes del fútbol criollo asociados a la agilidad y la virtuosidad de los movimientos.

El fútbol por lo tanto, empezaba a dinamizarse desde dos perspectivas amateuristas: la de los sectores populares y la de los sectores altos que se apoyaban en la cultura deportiva anglosajona. Para los últimos, el amateurismo estaba ligado al ejercicio del "fair play", como vehículo para mediatizar los conflictos gracias a la acción de la moral y las buenas costumbres de la gente "bien educada". En cambio, para las fracciones medias y bajas de la población, la práctica amateurista de este deporte estaba ligada a la fundación emocional (Archetti, 2000) de un estilo propio desplegado en los criterios estéticos de la "gambeta", el movimiento de cintura en cada jugada y en niveles de agresión más acentuados, sumado a las diversas formas de intercambio y desarrollo social que proporcionaba este campo.

Julián Ponisio
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