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Estudios Sociales

18.10.2017
Argentina
ESP |

El tango y el fútbol se prestan los zapatos

Fragmento del capítulo III del libro 'Pasiones Argentinas. Fútbol y Tango en la conformación de un estilo', Julián Ponisio, Editorial Olivia, Buenos Aires, 2017
Dibujo: Rodolfo Fucile
Libro 'Pasiones Argentinas. Fútbol y Tango en la conformación de un estilo

"Así tuve a mi lado todo tipo de delanteros, improvisados y profesionales.

Estaba el Tuerto López, que era zurdo y del lado derecho no veía nada…

Y el Lungo Suárez, que tarareaba tangos mientras llevaba la pelota".

Osvaldo Soriano, Memorias de Míster Peregrino Fernández y otros relatos de fútbol.

 

Desde fines del siglo XIX y hasta principios de la década del treinta, Buenos Aires se urbaniza bajo los modelos arquitectónicos españoles y franceses, demarcando el límite entre dos espacios culturales bien definidos: el “barrio”, con sus múltiples elementos populares simbólicos, tales como la inocencia, la picardía, la astucia, el esfuerzo, etc.; y el "centro”, donde podía hallarse tanto la fama como la perdición. (García Jiménez, 1964:4-5)

Mucho tuvieron que ver en la construcción de estas subjetividades la aparición del tango y el fútbol nativo. El tango, originado en las riveras rioplatenses hacia finales del siglo XIX, con mezcla de tonalidades basadas en la habanera, el tango andaluz y la milonga, se asocia a símbolos discursivos emotivos tales como la madre, la percanta, los muchachos, el café, la cargada y la desgracia. Por su parte el fútbol también participó en la construcción de un imaginario colectivo alrededor de la figura triunfante del muchacho humilde que juega en el "potrero" y que inventa jugadas exquisitas con la pelota.

El tango y el fútbol colaboran en la conformación simbólica de rivalidades barriales. La magnitud de las tensiones se mide a través de la distancia territorial: cuanto más cerca, más intenso el enfrentamiento. Tal era el caso de las milongas, que competían con más fervor si pertenecían a barrios contiguos; o las rivalidades ya conocidas en el fútbol: River vs. Boca, Independiente vs. Racing, etc.

Todo esto se generó a partir de la diversidad migratoria de principios de siglo, con manifestaciones discursivas como el cocoliche, el lunfardo y el bozal, entre otros. El tango y el fútbol permitieron el ingreso activo de Buenos Aires en el proceso creciente de globalización del tiempo libre. (Archetti, 2001)

El hecho de que tanto el tango como el fútbol fueran actividades populares, proporcionaba un conflicto para las élites en torno a la disputa semántica de lo "criollo". La figura demonizada del "gaucho" se había resignificado positivamente, dando homogeneidad al discurso patriótico escolar en las primeras décadas del siglo XX. Para ahuyentar los demonios anarquistas y/o socialistas de la masa inmigrante, se adaptaron otros relatos históricos basados en los "grandes acontecimientos", que tiñeron al discurso nacionalista de la élite liberal de la época, conformando una serie de relatos mitológicos que construirían la base de un discurso tendiente a ocultar los conflictos, las luchas internas, las contradicciones propias de la dialéctica histórica, en pos de una imagen de "progreso" de carácter unilineal.

El tango y el fútbol tienen en las primeras décadas del siglo pasado un rol preponderante en la necesidad de explorar lo "criollo" y en la creación de un relato "nacional".

Clubes de fútbol europeo visitarán regularmente Buenos Aires desde 1904, y clubes argentinos saldrán de gira por Europa y América a partir de 1925. Jugadores argentinos se convertirán en profesionales en clubes europeos, principalmente italianos.

Paralelamente, el tango pasa a ser una de las músicas preferidas de los europeos, y las orquestas argentinas y los cantantes más populares comienzan a salir de gira al extranjero. Buenos Aires se transforma en la ciudad del tango y el fútbol. (Archetti, 2001)

La comunidad europea le otorga importancia a estas prácticas, y entrega el diploma de "actividades decentes". Es allí donde las élites nacionales, siempre ávidas de subsumirse al pensamiento de moda, las suma a la lista de conductas y/o criterios consensuados dentro de las fronteras de la civilización. (...)

Por otro lado, hay en las primeras décadas del siglo veinte un vínculo entre la forma de bailar el tango y jugar al fútbol. Por ejemplo, en el fútbol y en el tango el movimiento de los pies contiene un valor simbólico superlativo. El "piso" donde se baila forma parte de la gramática del tango porque es donde se ejecuta la acción de bailar, y es sinónimo de buen bailarín acariciar el suelo con los zapatos. En el fútbol también se interpreta como estético y bien elaborado acariciar la pelota con los pies.
La baldosa callejera fue uno de los escenarios privilegiados para el tango, ya que sobre ésta se marcaba el ritmo de los pies y el movimiento de cintura, construyendo un estilo en las "pistas" de famosos salones de baile como la "Milonga de Chile" o el "Salón A.B.C". (García Jiménez, 1964: 11)

En el caso del fútbol, la tríada potrero-pibe-gambeta forjó las bases de un estilo corporal similar al movimiento de la danza del tango.

 

Bibliografía

Archetti, E. (2001). El potrero, la pista y el ring. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

García Jiménez, F. (1964). El tango. Historia de medio siglo 1880/1930, Serie del Siglo y Medio. Buenos Aires: Editorial Universitaria de Buenos Aires.

 

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Julián Ponisio es  Antropólogo de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. 

Julián Ponisio
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