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Estudios Sociales

19.07.2015
Cuba
ESP |

La temática deportiva en las manifestaciones artísticas

El deporte se inserta en la cultura de todas las épocas y en las manifestaciones literarias, el cine, la vestimenta, la escultura, la numismática y la filatelia
El atleta americano (1904) Augusto Ródin
Sello postal XIX Juegos Olímpicos México 1968

Introducción

En los primeros años del siglo XXI, autorizadas opiniones aseguran que el deporte constituye la Institución Social más llamativa del presente y el pasado siglo, donde arrastra tras de sí a una infinidad de personas, pues éste les ofrece amplias posibilidades de socializarse e insertarse en un mundo cultural fabuloso y multifacético.

Si atendemos al origen de la palabra deporte, ésta se remonta al proceder de los marinos provenzales, cuando identificaban que "estar deportu" era estar de descanso, aunque resulta útil aclarar que este no era sinónimo de ocio, pues al coincidir marineros de diferentes latitudes producía un encuentro cultural muy rico, a través de las conversaciones, de las artes de pescas, de los rituales y fundamentalmente por el desarrollo de los juegos de fuerza y destreza como las cañas, justas y anillos.

Además desde tiempos inmemoriales, los convites olímpicos reunían al pensamiento cultural más ilustrado del momento, como a los poetas, filósofos, escultores, oradores y todos gustaban de aprovechar la multitudinaria coyuntura para hacer disertaciones de su erudición.

 

Desarrollo

El deporte como expresión de la vida cultural de la humanidad se interpenetra en múltiples aristas que son manifestaciones de la cultura. Tal es así que nuestro Alejo Carpentier hace algunas décadas reconoció a Píndaro como el cantor de los deportistas de su época, cuando narró de forma subliminal una regata; cuando Platón y Plinio exaltaron la belleza de la equitación, cuando el escritor humanista francés Rabelais tuvo la clarividencia de plantear el papel educativo del deporte de una de sus obras cumbres. Nos recordaba Carpentier también como el juramento que inició la auténtica Revolución Francesa, se efectuó en una edificación construida para el juego de béisbol.

El deporte aparece reflejado como baluarte de la cultura universal en la antigüedad pero no se expresa en ese ritmo en otras manifestaciones culturales, como en la literatura del siglo XIX, que ignora esta temática, a no ser en sus finales que en obras de Jorge Honet y D’Annunzio se referían a la esgrima, pero solo reconociendo su faceta en saldar deudas entre los caballeros de la época, además se refirieron a los deportes de caza y equitación.

El séptimo arte también ha penetrado en el campo deportivo, aunque a consideración de directores y realizadores, ejecutar filmes olímpicos es algo muy complejo, pues consideran que la televisión es un medio más expresivo y más completo para comunicar grandes emociones.

No obstante podríamos hacer referencia a innumerables películas que han abordado el deporte desde diferentes contextos de la vida.

Olympia (1936) dirigida por Rufenstahl, colaboradora cercana a Hitler, donde se tergiversaron los principios olímpicos en post del nacional socialismo y se hace apología la raza superior por lo que aquí el deporte sirve de colofón a la exaltación política.

Otra muestra en que deporte y cultura se interpenetran es el majestuoso Museo Olímpico de Ouchy en Laussana, Suiza, concebido por el aliento de Pierre de Coubertin quien siempre quiso externizar la imbricación entre arte, cultura y deporte.

El museo resulta suntuoso al ver la diversidad de esculturas deportivas desde Las Blancas Columnas de Mármol en las cuales se fijan que Grecia dio origen a los Juegos. La vela del escultor italiano Francisco Cremoni, las cerámicas policromadas del nadador holandés que imítan un jardín barcelonés a lo moderno, hasta Los tres ciclistas que genialmente fueron esculpidos para que las ruedas de sus ciclos formaran los cinco anillos olímpicos.

En las celebraciones olímpicas en EE.UU., Moscú, Montreal, Los Angeles, Seúl, Barcelona, los trajes de estas lindas muchachas se caracterizaban por su acentuación fundamentalmente folklórica, al llevar sobre sí los usados en galas nacionales.

Esta celebración de premiación por enclavarse en el contexto social que lo rodea y tener presente todos esos aspectos en perfecta relacionalidad hace que tengan una profunda connotación sociológica.

Las Olimpiadas se convierten en una gran fiesta, pues han existido países que dándole curso a lo preconizado en la Carta Olímpica, de celebrar en este marco un programa cultural han convocado a Olimpiadas del Arte, tal es así que en Lillchammea al efectuarse los XVII Juegos Olímpicos de Invierno, organizaron 500 manifestaciones culturales.

El deporte es expresión de las tradiciones nacionales de determinada región del mundo. Pensamos en las características inaugurales de los Juegos de Tokio en 1964, donde estuvo presente el sable samurai, los Panamericanos de la Habana en 1991, donde los contagiosos ritmos y bailes caribeños incitaron la efervescencia de los espectadores y el gran colorido y marcialidad de las pizarras humanas y las tablas gimnásticas dejaron ensimismados a los asistentes. Y qué decir de Barcelona ‘92 cuando en ella estuvo presente una versión moderna de la historicidad del olimpismo y disfrutamos todos del talento melódico de grandes de la ópera europea.

Por tanto también es cultura, porque es espectáculo y en este se cultiva lo bello, lo sublime, lo dramático, lo emocionante, lo instructivo y desde el punto de vista del practicante porque demuestra maestría en el evento que ejecute.

En nuestros tiempos, el deporte forma parte de la política cultural que rige la vida, encarnando una cultura universal, pues incluye el principio de aceptación absoluta, independientemente de credos religiosos, doctrinas políticas, etnias, razas, lenguas o latitud donde se ubique, es por ello que ningún otro fenómeno que sea expresión de cultura posee estas cualidades suigeneris.

 

Conclusiones

Existe una cultura del deporte, somos partícipes en plantearlo como hecho consumado, ya que sobrados elementos aquí expuestos hacen opinar que deporte es cultura (Carpentier, 1987) porque la cultura como modo de ser, de vivir y de hacer a los hombres, comprende y abarca la bella y duradera huella que imprima y que dejen en los pueblos, el empeño y el logro deportivo (Samaranch, 1993), a decir de nuestro gran Carpentier y del directivo olímpico Juan Antonio Samaranch, respectivamente.

Ida Galván Rodríguez
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