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Fútbol

07.06.2016
France
ESP |

Los cambios del fútbol en Francia

El artículo analiza los cambios que se están produciendo en la concepción del juego y del espectáculo deportivo en los últimos años
Footix, mascota de la Copa del Mundo Francia 98

En una cuarentena de años, la organización del fútbol profesional en Francia ha cambiado considerablemente. Hasta los años ‘80 los clubes eran organizados por asociaciones según una Ley de 1901, sin fines lucrativos. Una serie de leyes aprobadas en 1984, 1992, 1999 y 2012 han facilitado el pasaje del estatuto de estructura asociativa al estatuto de sociedad comercial, pues esta última fórmula permite asociar accionistas y administrar presupuestos importantes. Esos presupuestos han efectivamente aumentado en forma notable. El total de los ingresos de los clubes de la Primera División era de 6 millones de Euros en 1970; pasó a ser de 202 millones de Euros en 1990 y a mil millones de euros en 2012, año en que el presupuesto mediano de un club de la Primera División era estimado en 52 millones de Euros. ¿Que sucedió? Sin duda surgieron inversionistas poderosos que permitieron ese espectacular crecimiento de los presupuestos, pero en este caso en realidad el aumento proviene de la gran alza de los derechos de televisión.

Las disparidades entre los presupuestos de los clubes de la Liga 1 son enormes en Francia: en 2013-2014 el PSG dispone de un presupuesto de 488 millones de Euros; Reims de un presupuesto de 24 millones, el AC Ajaccio de 21, Bastia de 18, Guingamp de 17. ¿Es posible comparar hoy día equipos con sus sistemas tácticos respectivos, con sus vedettes de nivel sino comparable al menos equivalente, o comparar los presupuestos, estando los clubes más ricos seguros de ganar? Esa regresión en la incertidumbre competitiva, que es el condimento del espectáculo deportivo, ha sido además favorecida por dos innovaciones: la Sentencia Bosman de 1995 y la instauración de un mercado de invierno en 1997.

Si algunos grandes campeones suscitan la unanimidad, otros recogen más o menos favores según las diferentes categorías de espectadores. Al examinarlos, los campeones, en su diversidad, aparecen como figuras emblemáticas de las identidades sociales. El equipo de fútbol ofrece así, a causa de la variedad de cualidades que exhibe (fuerza, astucia, coraje, sentido táctico) una paleta contrastada de posibilidades identificatorias. En Marsella, en 1987, dos jugadores gozaban de las más elevadas cuotas de popularidad: Alain Giresse, un organizador con extraordinario sentido táctico y Joseph-Antoine Bell, un arquero camerunés, espectacular, fantasista y virtuoso. Los hinchas del primero, verdadero patrón en el terreno, eran en su mayoría de más de cuarenta años de edad, pertenecientes a la clase media o superior, los que residían en los barrios acomodados del sur de la ciudad. Los del segundo, amantes de “números”, eran en su mayor parte, jóvenes de menos de veinticuatro años, que residían en los barrios populares del norte de la ciudad, donde ellos seguían estudios, eran obreros, empleados o desocupados. En 1994, en Lens, las dos vedettes preferidas eran Roger Boli, un jugador espectacular y Jean-Guy Willemme, un defensor conocido por la sobriedad de su juego y su coraje a toda prueba. De manera sintomática, los favores del público joven y popular, agrupado tras los arcos, iban más bien hacia Boli, las de los espectadores más de edad, que ocupaban las tribunas centrales, hacia Wallemme. Se podría multiplicar los ejemplos y los matices de esta geografía social de los entusiasmos que se reproducen en grandes líneas en un estadio, en un deporte y de una ciudad a otra.

Pero, recordando esas correspondencias del pasado entre la ciudad y su equipo y sus jugadores, tengo la impresión de que soy un soldado japonés que sigue combatiendo cuando la guerra ya ha terminado. Los jugadores que, en el pasado, eran salidos del barrio y cumplían gran parte de su carrera en el mismo club (al precio, es verdad, de contratos a menudo leoninos, antes de la adopción de los contratos de tiempo limitado) se transformaron en meteoritos siguiendo las demandas del mercado. ¿Como identificarse a un jugador que pasa una sola temporada, a veces menos, en un club? ¿Cómo identificarse a un equipo, a su estilo de juego, cuando los jugadores como los entrenadores se renuevan a un ritmo acelerado? Hay un proceso de autonomía de los clubes y de los equipos en relación a las ciudades de las cuales son porta-estandartes. Ese pasaje del equipo desde el símbolo (motivado) al simple signo (arbitrario) de pertenencia colectiva, no afectan sin embargo el fervor popular. Pero éste ha cambiado progresivamente de substrato y de significación: a la celebración entre sí se ha substituido un show de vedettes reagrupadas bajo los mismos colores, con la camiseta restando como el principal emblema de identificación.

Christian Bromberger
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