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Estudios Sociales

03.01.2021
Argentina
ESP |

La carta de recomendación

Un buen acomodo permite conseguir un empleo donde reine la pereza intelectual y se gane suficiente dinero para vivir holgadamente
El hospital provincial de Avellaneda lleva por nombre Dr. Eduardo Wilde
El médico sanitarista y brillante escritor, Eduardo Wilde, comienza el artículo La carta de recomendación en el libro Tiempo perdido (1878) haciendo un diagnóstico de Buenos Aires, y más concretamente intentando revelar las características de sus habitantes. Evalúa que, lamentablemente, dicho centro urbano está enfermo, no sólo porque lo han dejado así las epidemias de cólera y fiebre amarilla, sino sucede que dicho ambiente produce en sus habitantes una afección moral. 
Dice Wilde, quien fuera un crítico de la hipocresía que se aloja en el sentido común matizadas con una pizca de humor, que para satisfacer las necesidades de un individuo que vive en Buenos Aires se necesita mucho dinero.  
Añade este médico de sensibilidad aguda, con sus habituales ironías sobre los puntos débiles de las costumbres argentinas, que los más siempre sujetos al cálculo, desean un buen acomodo. De allí que no conviene menospreciar el papel que desempeñan los contactos personales en la búsqueda de lo más conveniente para sí. 
Ello significa, ni más ni menos, conseguir un empleo donde reine la pereza intelectual y se gane suficiente dinero para vivir holgadamente. Con una gran dosis de individualismo que inexorablemente debilita la cohesión social y no deja germinar modos de vida distintos. 
Concluye Wilde que por estos parajes no se pregunta quién es el más apto, sino el mejor recomendado. 
 
Roberto Di Giano
robaied@hotmail.com
Sociólogo, UBA
El médico sanitarista y brillante escritor, Eduardo Wilde, comienza el artículo La carta de recomendación en el libro Tiempo perdido (1878) haciendo un diagnóstico de Buenos Aires, y más concretamente intentando revelar las características de sus habitantes. Evalúa que, lamentablemente, dicho centro urbano está enfermo, no sólo porque lo han dejado así las epidemias de cólera y fiebre amarilla, sino sucede que dicho ambiente produce en sus habitantes una afección moral. 
Dice Wilde, quien fuera un crítico de la hipocresía que se aloja en el sentido común matizadas con una pizca de humor, que para satisfacer las necesidades de un individuo que vive en Buenos Aires se necesita mucho dinero.  
Añade este médico de sensibilidad aguda, con sus habituales ironías sobre los puntos débiles de las costumbres argentinas, que los más siempre sujetos al cálculo, desean un buen acomodo. De allí que no conviene menospreciar el papel que desempeñan los contactos personales en la búsqueda de lo más conveniente para sí. 
Ello significa, ni más ni menos, conseguir un empleo donde reine la pereza intelectual y se gane suficiente dinero para vivir holgadamente. Con una gran dosis de individualismo que inexorablemente debilita la cohesión social y no deja germinar modos de vida distintos. 
Concluye Wilde que por estos parajes no se pregunta quién es el más apto, sino el mejor recomendado
 
Sociólogo, UBA
 
Roberto Di Giano
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