EFDeportes.com

Facebook Twitter Google +

Discapacidad

12.04.2015
Argentina
ESP |

Ser profesor de Educación Física discapacitado motor

Las condiciones de ingreso que son solicitadas por la mayoría de profesorados de educación física, significan un claro intento por homogeneizar los cuerpos.
Emiliano Naranjo

Legitimar la desigualdad

En el camino hacia la obtención del conocimiento, surgen distintas confrontaciones que pueden ser consideradas como verdad, ya sea, por la mera resolución de un proceso histórico o bien, como conclusión de distintos profesionales que colaboran en la construcción de un paradigma. Podemos explicitar entonces, que la convergencia hacia la verdad puede ser por dos vías, la primera es dominada por la concepción histórica, y la segunda se da como resultado de apreciaciones epistemológicas vigentes. Ambas, desfavorecen cualquier realización de las personas discapacitadas debido a que, desde un punto de vista histórico nunca han resultado vencedores y como consecuencia arrastran la estigmatización perpetuada en el tiempo de los “vencidos”. En tanto que, las teorizaciones respecto de discapacidad se ven invadidas por el espíritu normalizador que todo lo corrige y lo ve, en pos del análisis de las diferencias, dando nacimiento a seudos neologismos como: necesidades educativas especiales, inválidos, minusválidos, etc. que no son más que denominaciones condenadas al ostracismo y que a su vez, garantizan la continuidad de la ignominia en las que se hayan inmersas las personas con discapacidad.

Las distintas normativas afectas a la atención de la discapacidad son la manera esencial en que, todas las desigualdades se encuentran legitimadas sabido es que, bajo el discurso fraudulento de la preocupación subyace el latido de la indiferencia. Por lo cual, se vuelve imperativo y vital que la existencia de lo legal, guarde un alto grado de correlación no sólo con lo real, sino también, con lo posible. En el caso de las personas con necesidades no convencionales el marco de lo posible y lo real se haya confundido por la hipocresía, dado a que por ejemplo la Ley Nacional Nº 22.431 (la cual regula la protección y derechos de las personas con discapacidad) en su artículo 8º manifiesta: “El Estado nacional, sus organismos descentralizados o autárquicos, los entes públicos no estatales, las empresas del Estado y la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, están obligados a ocupar personas discapacitadas que reúnan condiciones de idoneidad para el cargo, en una proporción no inferior al cuatro por ciento (4 %) de la totalidad de su personal”.

Al explicitar la idoneidad como requisito, el Estado Nacional no hace más que ir en contra de lo que él mismo pregona en cuanto a inclusión e igualdad de oportunidades se refiere, pues tras la condición de idóneo se esconde el poder de la normalización y esto, es un intento por negar la diversidad. Lo mismo, sucede al leer el Estatuto del Docente Ley de la Provincia de Buenos Aires Nº 10.579 (documento donde se encuentra enmarcado el quehacer docente) pero este, oculta su intención normalizadora bajo un eufemismo llamado “condición psicofísica”. Motivo por el cual, frecuentemente resulta dificultoso el ingreso y desarrollo en carreras docentes de personas con discapacidad ya que, siempre que se tome en cuenta una característica (condición) se estará a su vez, yendo en desmedro de otras, lo que es trascendente para el desempeño docente, conforme a que la excelencia en cualquier quehacer se alcanza más como consecuencia de la integridad que como una parcialización subjetiva.

Pareciera ser entonces, que los sujetos con necesidades no convencionales no son capaces de producir verdad, de alcanzarla o siquiera mencionarla, ya que el Estado y la historia han logrado que la palabra discapacidad e invalidez se vuelvan sinónimos.

 

El orden del cuerpo y la realidad

El afán de explicar la realidad mediante el orden, no sólo llevó al hombre, a una práctica casi exacerbada del positivismo, sino que colaboró en la construcción de trabajos corporales esencialmente disciplinares, cuyo único objeto era modelar la realidad parcial del alumno (realidad corporal) así como también, corregir las supuestas anomalías que los individuos pueden presentar. Esto último es bien expresado por Foucault al decir: “(…) lo esencial de la pena que nosotros, los jueces, infligimos, no crean ustedes que consiste en castigar, trata de corregir reformar y ‘curar’ (…)”.

Actualmente la mayoría de las prácticas corporales se asemejan a una línea de producción en donde, se espera alcanzar la mercancía deseada al final del proceso aquí, se encuentran inmersos cuerpos diferentes anómalos o divergentes sobre los cuales se aplican distintas estrategias productivas como ser: rehabilitación, terapia, reeducación, estimulación temprana, etc. a fin de poder obtener un impacto suficientemente profundo que permita corregir la mercancía indeseada y como consecuencia conseguir los resultados esperados.

Si la clase de Educación Física, es nuestra línea de producción y los cuerpos las mercancías que debemos trabajar en busca de un resultado en común, ¿cuál sería ese resultado? y, ¿no son los docentes de Educación Física producto de ese mismo resultado? es decir, una mercancía esperada y en consecuencia un modelo a imitar.

Si consideramos al cuerpo del profesor de Educación Física como un ideal necesario, en otras palabras, como una condición sine qua non para desempeñarse como profesionales, vemos que la oportunidad de desarrollo docente por parte de personas con necesidades no convencionales se encuentra fuertemente obturada a causa de no poder presentar un cuerpo que quiera ser imitado, “deseado”. Es este cuerpo extraño que al manifestarse rompe con el orden esperado y como consecuencia no es legitimado debiendo ser corregido o reparado, para poder cumplir con esa lógica mercantilista que todo lo reproduce en función de lo que ve y de lo que vende, sin importar el rol que se quiera cumplir. Tanto el docente como el alumno se verán afectados por la pertenencia y/o posesión de un cuerpo indeseado, que de alguna manera apresa no sólo una realidad motriz, sino también, el entendimiento social.

 

Temor a lo diverso, temor a uno mismo

El abordaje de la diversidad muchas veces resulta dificultoso, a causa de la confrontación que suele plantearse con el término homogeneidad. Según nuestro parecer, comparar estas dos palabras carece de todo sentido conforme a que, el ser humano por naturaleza desea y busca la individuación a fin de obtener el reconocimiento social el cual, solamente puede alcanzarse ponderando las diferencias y no las similitudes. Por ende, la diversidad es el único camino hacia la autorrealización y en tanto que, los sujetos conjuntamente con sus sociedades no se decidan a aceptarla será imposible hablar de progreso. Pues no contemplar las diferencias tanto en mención como en acción es afirmar la homogenización, la estatización, que es opuesta a todo movimiento y en consecuencia a cualquier actitud progresista.

Frecuentemente la palabra diversidad se encuentra emparentada con connotaciones negativas que tienen su origen en una fuerte impronta moralista de índole eclesiástico. Esta ha sido refrenda hasta nuestros días, con el objeto de instaurar en la diversidad una suerte de diversión amoral y anormal que no sólo involucra a términos como: exceso, rareza, improductividad, etc. sino que también se transforma en un significante universal de aversión a la moral y buenas costumbres. Es por ello que, cualquier conceptualización de diversidad converge necesariamente en las personas, quienes no son más que actores sociales en busca de su autorrealización, mediante valores diferentes los cuales, intentan ser controlados por el Estado, gracias a acciones de preocupacion-corrección o lo que es lo mismo, gracias al ejercicio del poder.

Emiliano Naranjo
VER NOTA COMPLETA INICIO
LEER MÁS
El Webstudio