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Estudios Sociales

05.10.2020
Argentina
ESP |

Los peligros de eternizar la democracia sin cuestionarla

El médico alienista José Ramos Mejía definió a quien carece de sentido crítico, al 'acepta todo', como un tuberculoso de la voluntad
Es ahora que hay que inventar otro sistema de representación
Se ha construido en el país un individuo que adolece de sentido crítico. Se lo puede caracterizar, sin cortapisas, como un ser humano “acepta todo”. 
Ha sido tan pasivo en determinados momentos históricos, que el médico alienista José Ramos Mejía lo definió como un tuberculoso de la voluntad. 
Sin espíritu de rebelión, parece sentirse cómodo chapoteando en el lodo del mejor sistema de dominación inventado hasta el momento: la democracia. Lo que llama la atención es el nivel de obediencia voluntaria de este colectivo cada vez más numeroso y su incapacidad para ver la cara menos visible de la democracia como la manipulación y el manejo arbitrario de la información. 
Los gobiernos casi no necesitan practicar con ellos la coerción. Una cuestión que desnudaría, prontamente, la dominación que ejercen sobre ellos. 
Si  bien, cada tanto, en un país tan dañado como el nuestro, el amplio grupo de los “acepta todo” hace que cuestiona, y a veces  a viva voz, ciertas posturas del poder, no logran echar raíces en el terreno de la verdad. 
Entonces, terminan depositando un mínimo de fe en un sistema basado, entre otras cosas, en el comercio de opiniones inserto en una economía organizada de manera que siempre presenta crisis.  
Pese a que las elites modernas viven hermanando el poder con la corrupción, y someten a dichos grupos de impotentes a diversos niveles de degradación, dichos actores siguen creyendo en las reglas de juego impuestas por los más poderosos de la sociedad que, mayormente, no los favorecen, pero igualmente depositan esperanzas de mejoras en un futuro incierto. 
Lo concreto es que este grupo es demasiado creedor de las promesas que los dirigentes políticos y económicos de todo pelaje le hacen. Son los mismos que fomentan en ellos la ilusión de la participación y neutralizan la posibilidad de que puedan tejer entre ellos lazos fraternales.  Formas de convivencias más favorables, alejadas de las recetas oficiales, mitos y nociones descabelladas de la realidad. 
Y ahora… ¡A inventar otro sistema de representación! 
 
Roberto Di Giano
robaied@hotmail.com
Sociólogo, UBA
Se ha construido en el país un individuo que adolece de sentido crítico. Se lo puede caracterizar, sin cortapisas, como un ser humano “acepta todo”. 
Ha sido tan pasivo en determinados momentos históricos, que el médico alienista José Ramos Mejía lo definió como un tuberculoso de la voluntad
Sin espíritu de rebelión, parece sentirse cómodo chapoteando en el lodo del mejor sistema de dominación inventado hasta el momento: la democracia. Lo que llama la atención es el nivel de obediencia voluntaria de este colectivo cada vez más numeroso y su incapacidad para ver la cara menos visible de la democracia como la manipulación y el manejo arbitrario de la información. 
Los gobiernos casi no necesitan practicar con ellos la coerción. Una cuestión que desnudaría, prontamente, la dominación que ejercen sobre ellos. 
Si  bien, cada tanto, en un país tan dañado como el nuestro, el amplio grupo de los “acepta todo” hace que cuestiona, y a veces  a viva voz, ciertas posturas del poder, no logran echar raíces en el terreno de la verdad. 
Entonces, terminan depositando un mínimo de fe en un sistema basado, entre otras cosas, en el comercio de opiniones inserto en una economía organizada de manera que siempre presenta crisis.  
Pese a que las elites modernas viven hermanando el poder con la corrupción, y someten a dichos grupos de impotentes a diversos niveles de degradación, dichos actores siguen creyendo en las reglas de juego impuestas por los más poderosos de la sociedad que, mayormente, no los favorecen, pero igualmente depositan esperanzas de mejoras en un futuro incierto. 
Lo concreto es que este grupo es demasiado creedor de las promesas que los dirigentes políticos y económicos de todo pelaje le hacen. Son los mismos que fomentan en ellos la ilusión de la participación y neutralizan la posibilidad de que puedan tejer entre ellos lazos fraternales.  Formas de convivencias más favorables, alejadas de las recetas oficiales, mitos y nociones descabelladas de la realidad. 
Y ahora… ¡A inventar otro sistema de representación! 
 
Sociólogo, UBA
 
Roberto Di Giano
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