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Estudios Sociales

18.12.2016
Argentina
ESP |

El fenómeno del liderazgo

Refiriéndose a Yrigoyen, Ramos Mejía reconoce que el líder influye, mientras no contraríe las tendencias en cuestiones políticas, económicas e intelectuales.
Hipólito Yrigoyen, según Ramos Mejía

En 1911, Ramos Mejía escribe un artículo para el periódico "Sarmiento", diario que alentó la candidatura de Roque Sáenz Peña a la presidencia de la nación, en donde el fino ensayista analiza las principales características del liderazgo ejercido por Hipólito Yrigoyen, quien ya era por entonces un ídolo de las multitudes. En dicho artículo Ramos resalta las nobles actitudes de Yrigoyen, un caudillo político sensitivo que "no cree que la evolución sola pueda formar el tipo de la república a que aspira y entonces recurre a la violencia".

Vale dejar sentado que Yrigoyen participó activamente en varios levantamientos cívico militares contra las autoridades legales. Y aunque sus ambiciones revolucionarias fracasaran hizo problemática la continuidad de las camarillas gobernantes de turno que, con sus sistemas de opresión desplegados contra viento y marea durante años, habían producido un marcado deterioro de amplias franjas de la población.

El líder popular, afirmado en posturas principistas invocaba la importancia de la honradez administrativa, el rotundo rechazo del fraude electoral que se burlaba de los sentimientos colectivos y el fin de la malversación de fondos públicos, cuestiones que despertaban el entusiasmo de los seguidores.

Si la doctrina radical a la cual adhería presentaba ambigüedades e indefiniciones en el marco del dramático acontecer de la realidad argentina, sus aptitudes de conductor llegaban a cubrir con algunos debates concretos y declaraciones parciales que invocaban principios éticos, los espacios vacíos que dejaba dicho credo.

Yrigoyen se lamentará en ocasiones de haber accedido a participar en el juego eleccionario a partir de 1912, concretamente cuando se instaló la llamada Ley Sáenz Peña que fijó el voto secreto y obligatorio, y que fue planteado, con total desparpajo, como universal aunque dejara de lado a la mujer.

Ello pasaba luego de utilizar, por largo tiempo, la abstención como medio de lucha, perdiendo de tal manera el caudillo radical la facultad revolucionaria y obligándolo a compatibilizar con selectas minorías.¹

Uno de los rasgos de Hipólito Yrigoyen que más reconocían sus seguidores era su discreción, una cuestión que lo diferenciaba del resto de los políticos de la época tan proclives a darse importancia con un aire de exhibición teatral, rebajados al simulacro del histrión.

Como el caudillo carecía del encanto de la oratoria para llegar a las muchedumbres y del poder hipnótico que suele ejercer una presencia física imponente, la eficacia para comunicarse con sus seguidores quedó supeditada a la sorpresa. Por eso era necesario que las facultades misteriosas del líder, que le otorgaban un prestigio que no hubiera podido ganar de otro modo dada sus características, operen sobre ellos de manera profunda y decisiva. Es decir, que dejen en los sectores populares una huella indeleble para luego, entonces, tomar distancia e intentar diseñar otras tácticas en las sombras.²

Para finalizar las reflexiones sobre las cualidades de los conductores, que, sin lugar a dudas, ejercen diversas formas de liderazgos, conviene aclarar que Ramos Mejía si bien reconoce que el líder puede tener influencia y poderes sugestivos sobre las multitudes, dice también que el mismo ejerce como tal mientras no contraríe las tendencias predominantes en cuestiones políticas, económicas e intelectuales. Es decir, que al fin y al cabo los líderes, según la mirada del notable científico argentino, quedan inexorablemente sometidos a las inclinaciones cambiantes de la multitud.

 

 Notas

1. Véase Hipólito Yrigoyen, Mi vida y mi doctrina, Estudio preliminar sobre “el radicalismo como doctrina” por Hebe Clementi, Leviatán, 1987, Buenos Aires.

2. Los prestigiosos científicos sociales, H. Gerth y C. Wright Mills, en Carácter y estructura social. La psicología de las instituciones sociales, Paidos, Barcelona, 1984, nos advierten que un riguroso análisis del liderazgo debe permitirnos comprender aquellos puntos trascendentes de la historia en los que algún individuo parece ser el centro de los acontecimientos, lo mismo que las influencias tribales, casuales y cotidianas de la vida real” (p. 373).

 

Roberto Di Giano (robaied@hotmail.com) es Sociólogo por la Universidad de Buenos Aires.

Roberto Di Giano
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