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Psicología del Deporte

01.03.2015
España
ESP |

El entrenamiento de la concentración en el fútbol

La concentración es parte de la preparación mental que debe entrenar y tener en cuenta un jugador de fútbol para mejorar su rendimiento.
Los momentos previos a la competición son básicos para comenzar el partido con un nivel de concentración y de preparación mental adecuado
Existe una estrecha relación entre nivel de fatiga física y el nivel de concentración

Un aspecto primordial en la mejora de la concentración de los futbolistas, consiste en percibir que ésta debe llevarse a cabo desde una aplicación práctica de los contenidos de base entrenados con los jugadores, hasta su contextualización en el marco del campo de entrenamiento. Este tipo de entrenamiento tendrá en cuenta el aumento progresivo de la dificultad en función de los estímulos presentes en el fútbol.

Cada una de estas variables y de grados de dificultad que implican puede estar en la base de los ejercicios que planteemos para la mejora y el entrenamiento de los focos de atención externos, ya sean amplios o estrechos.

El éxito del entrenamiento atencional que realicemos estará en función del escalonamiento que establezcamos sobre las situaciones del juego y su nivel progresivo de dificultad, nivel que, como vemos en el cuadro, podemos establecerlo fácilmente con la ayuda y la colaboración del entrenador. Así por ejemplo, en el entrenamiento del foco externo-amplio comenzaremos por pocos estímulos muy llamativos y por poca movilidad de los mismos, a estímulos cada vez más similares a los del propio juego con los movimientos y acciones características del mismo.

Merece la pena considerar también la importancia que en el entrenamiento de la capacidad atencional tiene la toma de conciencia de todas las variables, situaciones y acciones que un jugador puede encontrase en el desarrollo de un partido de fútbol. En este sentido un trabajo esencial es el de mostrar, mediante el empleo de vídeos y la realización de reuniones, los estímulos principales a los que debe prestar atención el jugador.

En el caso de los focos internos el trabajo es también importante pero lo centraremos en los espacios de recuperación que pueden producirse en un partido, aunque una parte importante del trabajo que puede realizarse en este sentido lo veremos más adelante al hablar del tema del control del pensamiento.

Por otro lado, respecto al tiempo de mantenimiento de la atención, el trabajo debe centrarse, en un primer momento, en las dificultades específicas que hayamos encontrado en el jugador. Un jugador que está poco tiempo concentrado porque se distrae en cuanto escucha que su entrenador le da instrucciones o le echa una "bronca", no es igual que aquél que, sistemáticamente, a los quince minutos del partido se desentiende del mismo y parece "como si no jugara".

Los pasos a seguir en esta dimensión del control temporal de la atención o capacidad de concentración estarían en función de su origen. Si este está en falta de hábito, deberíamos estudiar y analizar bajo que condiciones entrena el jugador porque si sólo se le exige una concentración mantenida durante poco tiempo, cabe esperar entonces que en el momento de la competición también lo haga (lo que se entrena se refleja en las competiciones). En este caso podría proponerse un aumento constante de la concentración prolongada y de forma encadenada, de manera que se llegase a los tiempo medios establecidos en los estudios que realizan análisis funcionales del tiempo de juego y de participación en los futbolistas (tiempos que se encuentran también distribuidos en mayor o en menor medida en función del puesto de juego que se ocupa).

Si el problema fuese de intermitencia, es decir que un jugador un partido está muy concentrado durante el tiempo preciso y en otros partidos está "fuera", entonces tenemos una razón para pensar en una evaluación exhaustiva sobre las causas que pueden estar interfiriendo en esa falta de atención que pueden ser, como es lógico, de diferentes tipos (como pensamientos negativos, ausencia del control de pensamiento, una ansiedad muy elevada que impide la atención precisa, etc.).

Por lo tanto, a modo de resumen sobre esta dimensión, deberemos poner un énfasis especial en el proceso de evaluación y de especificidad que requiere el trabajo con el jugador de que se trate (como en nuestro caso podría ser FT).

Un nuevo aspecto que debemos destacar por la importancia que tiene su entrenamiento para la obtención de una buena capacidad de concentración, es la rapidez en el cambio de foco atencional, que podemos entrenarla perfectamente mediante el diseño de situaciones en las que manipulemos como variables independientes los tipos de cambios entre los diferentes focos atencionales y la rapidez en las que se realizan, de manera que estructuremos sesiones de entrenamiento donde se produzcan situaciones que obliguen al cambio de foco atencional y se pueda evaluar el resultado encontrado y la intención en los gestos.

Mediante la ayuda de un simple cronómetro y del registro en vídeo de los diferentes ejercicios de entrenamiento, podemos ir analizando los niveles de mejora que se producen en el rendimiento del jugador, estableciendo de esta manera el seguimiento adecuado de su rendimiento en lo que a la rapidez de cambio de foco atencional se refiere.

Por ultimo, el mantenimiento de la atención ante estímulos distractores vamos a entrenarlo utilizando un simple proceso de Desensibilización Sistemática (D.S.), de manera que vamos a establecer un encadenamiento inverso en función de los estímulos individuales que supongan la distracción para, a partir de ahí, ir poco a poco eliminando los factores que suelen ir asociados a ese tipo de distracciones (por ejemplo el ruido o gritos del público están asociados con una tasa cardiaca más alta, un aumento de la sudoración, etc.). Este proceso podemos trabajarlo encubierto si el nivel de imaginación que posee el sujeto es el adecuado.

Este mismo entrenamiento podremos llevarlo a cabo con otras técnicas de modificación de conducta como puede ser la habituación o exposición paulatina a los estímulos distractores, o la inundación, consistente en la presentación del estímulo ansiógeno distractor de manera directa y continua (no paulatina), de manera que producimos el fenómeno de la habituación de una forma mucho más rápida (aunque también más traumática).

Ricardo de la Vega Marcos
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