EFDeportes.com

Facebook Twitter Google +

Fútbol

08.07.2017
Argentina
ESP |

El desprecio de la vejez en nuestra comunidad futbolística

En la comunidad futbolística en Argentina se ha instalado que un entrenador adulto mayor no puede ser eficiente. Se ejerce así una fuerte discriminación
Se había creado un clima denso que incluyó una suerte de conjura contra el entrenador. Se hizo hincapié en la avanzada edad de Basile

A veces pienso en ganar altura, pero no escalando hombres.

Antonio Porchia

 

En la Argentina moderna, que paradójicamente sufre un proceso de envejecimiento, se cristalizó la tendencia a seguir conviviendo con una pesada carga de prejuicios que, entre otras cosas, mantienen a muchos argentinos alejados del tema de la vejez. Ello forma parte del alto nivel de desprecio por el otro que se fue cultivando en nuestra sociedad.

Es lógico que el universo de personas que viven negando el proceso natural de envejecimiento y marchan con pasos acelerados portando anteojeras sin saber, a ciencia cierta, a dónde se dirigen, rechacen terminantemente lo que significa aprender de quienes alcanzaron en la vida un nivel considerable de sabiduría (vale señalar que el concepto mismo fue cayendo en desuso).

Sucede que dichos sujetos optaron por madurar cultivando el arte de la amistad (una de las invenciones comunitarias más enriquecedoras) y dejar espacio a la aventura de aferrarse a sus sueños sin esperar, pasivamente, la salida de las canas ya que ellas pueden ser indicios de vejez pero no de inteligencia y razón, tal como nos advirtió el autor de El dogma socialista, el poeta Esteban Echeverría

Vale señalar que son muchos los adultos mayores que evolucionaron sin traicionarse a sí mismos pese a la degradación social y cultural que sufrimos en las últimas décadas.

Si bien es natural que, en los seres humanos, con el paso de los años se produzca un deterioro de las funciones vitales, existen también modos de compensarlo. Entre otras cosas, haciendo uso de un elemento formativo como la experiencia y de todos aquellos conocimientos adquiridos que, a nivel social, se fueron perdiendo en los laberintos de la tilinguería cultural.

Así, por ejemplo, la práctica futbolística se volvió irreconocible para quienes sumaron años asistiendo a los estadios y que ahora disfrutan nostálgicamente de aquella forma lúdica ante el desencanto que produce el opaco presente del fútbol local, sin tener en cuenta que aquella identidad no fue lo suficientemente cuidada ni resguardada.

En la comunidad futbolística de nuestro país se ha instalado que un entrenador adulto mayor no puede ser eficiente. De allí que encuentren dificultades para trabajar pese a que, por estos parajes, los directores técnicos se renuevan a pasos acelerados.

En tal sentido, el caso de Alfio Basile fue paradigmático. Renunció al tan preciado cargo de seleccionador después del partido que el conjunto nacional perdiera con Chile, en el país trasandino. Una derrota que no modificaba mucho el rumbo de las cosas pues el equipo seguía clasificado para disputar la Copa del Mundo 2010, pero las cartas estaban echadas.

Por diversas circunstancias se había creado un clima denso que incluyó una suerte de conjura contra el entrenador. Se hizo hincapié en la avanzada edad de Basile y en la osadía del experimentado entrenador de querer gozar aún de algunos placeres reservados, según el prejuicioso criterio de influyentes miembros de la comunidad deportiva, sólo a los más jóvenes.

Se lo acusó abiertamente de que ya estaba gagá. De tal manera, que esta forma despectiva de evaluar puso sobre el tapete la fuerte discriminación que se ejerce en la sociedad argentina contra la gente mayor. Una práctica de menosprecio que parece disfrutarse.

El grave problema que se plantea en un ámbito donde los aficionados se acostumbraron a ser impacientes y a centrarse en lo inmediato, es que no se evaluó que la juventud y la vejez –palabra molesta, socialmente descalificada- tienen pro y contras. Si se complementan inteligentemente, si se fortalecen los puntos de acuerdo que necesariamente tienen que existir, podrían, al menos, poner determinados frenos a las poderosas minorías que envilecen la actividad y a partir de allí trabajar por un futuro mejor imaginando formas creativas que potencien el desarrollo del conjunto.

 

---

 

Roberto Di Giano es Sociólogo, UBA

Roberto Di Giano
VER NOTA COMPLETA INICIO
LEER MÁS
El Webstudio